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EN AGUA Y TIERRA AMAZONICA: PDF Print E-mail
       

EN  AGUA  Y  TIERRA  AMAZONICA:
REBROTES  TEOLÓGICOS

         Diego Irarrazaval


 “Agua, fonte divina, toda vida nasce de Ti e somente vivemos em Ti” (niña, Belem do Pará, 22/1/2009). Esta oración va acompañada por la acción de gracias, al surcar aguas profundas y al avizorar la tierra de leche y miel. El reciente Tercer Foro de Teología y Liberación (en la desembocadura del Amazonas) se suma a la reflexión del Primero realizado en Porto Alegre, 2005, y a la espiritualidad del Segundo celebrado en Nairobi, 2007. Cada uno de ellos ha vibrado con el clamor del FSM “otro mundo posible”. Vale decir, las teologías están en sintonía con el desestabilizador y fascinante cambio de época.
¿Qué pasos han sido dados en Belem? Principalmente ha sido debatido un afán biocéntrico: un vivir en la tierra y el agua que beneficia a pueblos pobres y esperanzados. El pensar creyente rebrota en cada espacio humano, y lo hace con mayor vigor en esta húmeda y fértil Amazonía. Su población y tierra cálida nos orientan hacia los retos del cambio civilizatorio. Lo espiritual está hoy centrado, no en la salvación del alma ni en el individuo racional, sino en toda genuina energía a favor de una transformación integral.
Los rebrotes teológicos se inscriben en gemidos del universo que van la mano con el clamor de vulnerables pueblos de la tierra. En nuestro planeta, donde los recursos naturales y la imaginación humana son expoliadas, y donde se gasta 1 trillón 200 billones de dólares en el armamentismo, es urgentísima una alternativa bio-céntrica. El Foro amazónico no ha sido una elucubración entre especialistas, sino más bien un dialogo entre muchos profesionales de la fe preocupados por el colapso ecológico, socio-económico, espiritual. Por otra parte se aprecian procesos de refundación (en Bolivia, Ecuador y tantos rincones del continente) que merecen discernimiento. Como advierte Boaventura de Sousa Santos, “todo acto fundacional es originario, incompleto, confuso” (1). En medio de incertidumbres, idas y venidas, hay un acontecer fundacional.
Se trata de un proceso que puede ser descrito en términos de Vivir en plenitud. Con respecto a pensar hoy el meollo del cristianismo ¿qué está pasando? El antropo/andro/centrismo está siendo superado; porque es un callejón sin salida. Más bien, vale abrir senderos -¡con espiritualidades y teologías de varios colores y melodías!- en un mundo maltratado que anhela su liberación. Vale también asumir modos teo-eco-humanos de sentir e implementar el mensaje cristiano.
Esto ha sido debatido durante cuatro días por alrededor de 800  participantes (2), una de cuyas voces fue la niña que recordó que en el agua se revive la transcendencia. Se trata, no sólo de superar un pensar enjaulado por el antropocentrismo moderno, sino sobre todo de continuar celebrando y entendiendo la fe en Cristo a partir de cada una y todas las entidades vivientes. A continuación comento dos gigantescas interpelaciones compartidas durante el FMTL 2009: un paradigma que puede ser llamado “teo-biocéntrico”, y un rebrotar espiritual y ético.
 
1) Paradigma  teo-bio-céntrico.

El cambio de perspectiva proviene, no de recientes movimientos “verdes”, sino del reconectarse con milenarias sabidurías asiáticas (3), y del rebrotar con pueblos originarios y mestizos en los 5 continentes. Asia acentúa la bondad de Tao  que como el agua beneficia a todos y fluye por lugares bajos (4). Los pueblos con herencia sánscrita acentúan bhakti (amorosa interacción), dharma (orden en el mundo), moksa (liberación). Otro fundamento asiático es la energía sagrada: shakti (fuerza en el universo y en deidades hindues), Gi y Ch´i  (energía vital, en koreano y en chino), y la actitud  hindú y budista de no dañar entidades vivientes, de compasión, de armonía cósmica y ética. En numerosas culturas africanas son reconocidos espíritus y poderes en la naturaleza que condicionan la existencia humana; en las regiones bantú son invocadas deidades y antepasados; hay clara conciencia de los vínculos entre lo divino, la naturaleza, lo humano, entre las que hay force vital, vital participation (5), En América Latina existe el axé afroamericano (dinamismo que sostiene todo), sumaj kawsay y suma jakaña (vida buena quechua/aymara), y otras filosofías de vida plena en sentido corporal, cósmico, espiritual, humano.
 Desde hace unos 15 años, círculos teológicos en América Latina y otras regiones del mundo están asumiendo el viejo debate en la filosofía de las ciencias sobre modos de pensar: ontológico, razón moderna, hermenéutica, comunicación, proceso cultural, género, pluralismo religioso, ecología, y demás (6). Este refrescante debate vuelve a considerar marcos teórico/prácticos que influyen en el pensar la fe.
Al respecto una palabra de cautela. En este continente hubo el entusiasmo inculturador (década del 90), y luego el fervor por cuestiones de género (década del 90 e inicios del siglo 21). Abundaron las buenas intuiciones. No fue alterada la sistematización teológica. Se está ahora desenvolviendo la ecoteología. ¿Será un lenguaje de pocos especialistas y de élites ávidas de novedades? ¿Se conjugará con la sólida tradición de pensar la fe desde el pobre, y con una teología sistemática relevante para las preguntas humanas de hoy?
En América Latina existe un macro-paradigma: entender la fe en el Dios de la liberación; y esto es llevado a cabo por diversas corrientes teológicas. Es como un gran tronco con sus ramas y frutos. El tronco común es entender la revelación de Dios que ama a la humanidad y la creación, y de ese tronco rebrotan varias ramas y bellas hojas y flores.
Desde mediados del siglo pasado, se construyó lo formulado por Gustavo Gutierrez: “reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la Palabra” (7). Esto fue reiterado en Belem do Pará por -entre otros- el Obispo de Marajó José Luis Azcona: “a teología se faz a partir da praxis das comunidades e do testemunho profético, necesario para construimos outro mundo possivel e uma teología encarnada na realidade de tantos clamores…” (23/1/2009, mesa redonda Direitos Humanos e Teologia).
De dicho marco innovador y fecundo continuamente rebrotan ramas y frutos. Se han desenvuelto modos de pensar la fe en procesos culturales e identidades, en la problemática política, económica y tecnológica, en la existencia femenina, en los pueblos originarios, en la ecopraxis, etc. Cabe pues reconocer un abanico de “paradigmas” y un denominador común: las comunidades cristianas piensan el misterio de la liberación.
Se trata de una sinfonía de clamores por la justicia y la paz, en que se va entendiendo el don de la Salvación transformadora de la existencia concreta. Esto se ha fortalecido desde el Vaticano II en nuestros espacios católicos, y en los espacios ecuménicos ha sido impulsado por el Consejo Mundial de Iglesias.
La salvación no está afuera del mundo; más bien esta abajo y junto a personas crucificadas. Al respecto, E. Schillebeeckx afirmaba: “el interés incondicional por los oprimidos, los hambrientos, los torturados, constituye efectivamente una presencia de la Iglesia y es, en los no creyentes, el nombre anónimo de la fe verdadera en la salvación, que es resurrección del ser humano hasta en su corporeidad terrena” (8). La salvación ni es ahistórica ni intrareligiosa; más bien su sentido profundo es que la humanidad y tierra sufriente son transformadas gracias a la resurrección de Jesucristo.
 A continuación recalco dos asuntos complementarios: un modo de entender la realidad, y la actitud de admirar a Dios.
A) Modos de pensar diferentes al hegemónico.
La reflexión desde la fe cristiana liberadora está retomando su carácter teo-bio-céntrico. Vale decir, la gracia del ser hijo e hija de Dios es apreciada dentro de lo humano que acontece en la madre tierra.  Los diversos contextos y métodos con que hoy es pensada la fe en América Latina constituyen varias ramas y frutos paradigmáticos. Ojalá éstos puedan interactuar entre sí, no permanecer segregados (lamentablemente cada línea se especializa hasta volverse casi un enigma para las demás), y afianzar una común apuesta por la vida plena. Cuando el modo de pensar la praxis espiritual es responsable del medio ambiente (sumándose a otras dimensiones: socio-política, cultural, etc.), entonces va siendo reconfigurada la comprensión de Dios. Se desenvuelve la teo-eco-logía. Este modo de pensar sintoniza con el meollo de la fe: pregunta cómo la presencia del Dios Salvador transforma todo.
En nuestro contexto indo-afro-mestizo hay mayor responsabilidad teórica por el misterio de la Vida. No es un pasar de conceptos personales a conocer el medio ambiente. Más bien se está cultivando la perspectiva teo- bio-céntrica (que va más allá de la confrontación entre antropología y cosmología). Esto es absolutamente radical: centrarse en la Vida Divina desde lo terrenal, y confiar que Dios todo lo transforma porque nada es excluído de Su amor incondicional. Dicho simplemente, hay un cambio al emigrar de la modernidad hegemónica (antropo/andro/céntrica) y al transitar por diversas elaboraciones hechas por sujetos que sienten y piensan a Dios de otro modo.
B) Admirar el Misterio que repotencia todo.
La reflexión tiene, como piedra angular, el admirar a Dios que transforma lo humano y la creación. Se procede pues no a partir de lo intra racional e intra institucional, sino más bien el pensar brota del acercamiento al Misterio Divino. Esto ocurre a tientas, y convirtiéndonos del pecado a la gracia. Es reconfigurada la vivencia/comprensión de Dios en y para la vida en plenitud de una humanidad y una tierra que clama por su liberación. No se trata pues de una pasajera moda verde y medio ambiental. Más bien se continúa y amplía la tradición latinoamericana de fidelidad al Dios de la Vida.
Al respecto, con su acostumbrada  sistematicidad y apasionamiento Leonardo Boff en Belem expuso el “bien común planetario” con las cuatro dimensiones del paradigma ecológico: natural, social, cultural, ético-espiritual. Boff ha explicitado (9) la presencia de Dios en todo (la presencia de la transcendencia dentro de la inmanencia) y el pan-en-teísmo. La fe motiva a criticar sistemas ensimismados ya que Dios es absoluta relacionalidad. El Misterio conlleva que el universo es como una red de vínculos sin límites. Cristo y su Espíritu son apreciados con dimensiones ecológicas, al pensar al Salvador de la humanidad y la creación.
 Tenemos pues no un cómodo parámetro ecología+teología, sino más bien una interpelante teo-ecología que es biocéntrica, transversal, interdisciplinaria. Se trata de otro modo de pensar y contemplar el Misterio insondable. Algo similar ocurre cuando la reflexión de fe -desde la Palabra y sus implicancias eclesiales- aborda la economía, el género, el arte, la psicología, etc., y se lleva a cabo una teo-antropología, teo-estética, y demás. Se trata pues de racionalidades humanas selladas por el encuentro con el Misterio de Dios. Son modos de admirar y entender a Dios, cuyo macro paradigma es la liberación holística.
Cabe aquí agradecer el comportamiento profético y el pensar científico (que muchos llaman ecologista y que es mejor denominar bio-céntrica). Esto motiva una fértil reflexión creyente. Juan Navarrete ha propuesto la “biodiversidad teológica” que no teme “seguir caminando hacia los márgenes donde seremos encontrados por Jesucristo liberador” (10). Con ésta y otras propuestas se evita la rutina y mediocridad intelectual, y puede refundarse el quehacer teológico. Esto es llevado a cabo por la comunidad eclesial donde -según la tradición latinoamericana- hay sorprendentes rebrotes que florecen y dan frutos sabrosos.
 
2) Rebrote  espiritual  y  ético.
 
Un desestabilizador cambio de época lleva a muchas personas a reencontrar energías espirituales y a exigir principios éticos. Ya que la mística y la praxis cristiana son holísticas ellas son capaces de encarar el cambio civilizatorio, el colapso ecológico, las actuales búsquedas de alternativas. Todo esto conlleva una moral personal y comunitaria, una reflexión atenta a inéditos signos de los tiempos, y una mística esperanzadora alimentada por responsabilidades concretas.
Ahora bien, la excelente tradición evangélica que consiste en ser cotidiana y terrenalmente espiritual ¿cómo es asumida hoy? Es asumida hoy al superar dualismos tales como razón/emoción, alma/cuerpo, transcendencia/inmanencia, etc., y sobretodo es asumida al fortalecerse la teologia de carácter bio-céntrica.
Esta reflexión no proviene de células cerebrales; más bien resurge desde abajo y desde muy adentro. Vale pues cerrar los ojos, sentir el cosmos envolvente, dejarse acariciar por el Misterio, y en forma comunitaria invocar al Dios Viviente.
“Ven, vientre de la tierra, vientre del agua, ven. Gracias por estar… aquí mismo, aquí, en el corazón de esta santa tierra crecerán nuestros hijos y nietos. Tú escucharas sus palabras, mirarás lo que ellos te van a ofrecer, ellos serán agradecidos contigo. Ven, vientre de la tierra” (11). Vale decir, desde lo más hondo del universo brotan y rebrotan clamores místicos y festivos. Esto fundamenta la teo-bio-praxis. En caso contrario, uno es aprisionado por el hedonismo mediocre y es arrastrado por  modas que surgen y decaen rápidamente.
Con respecto a esta polifacética temática, voy a delinear tres aspectos: problemática de la felicidad, la reafirmación pneumatológica, la ética corporal e integral. Luego, en la conclusión recalcaré lo cristiano y teológico en el desenvolvimiento de paradigmas biocéntricos. 
A) Problemática estructural y emocional.
 En el mundo de hoy las acuciantes búsquedas espirituales se explican no sólo desde sí mismas (ni sólo debido a programas en iglesias y religiones). Más bien la mayoría de la gente goza el progreso material y tecnológico y a la vez siente carencias en lo social y personal. La experiencia cotidiana es evaluada en términos de objetos de felicidad (mayormente privada). A esto se suman los impactos mediáticos cuyas imágenes aseguran éxito y placer; pero la rutina laboral e institucional empantana a las personas. El ser humano permanece confuso y solitario.
Esta problemática tiene su trasfondo. Parecería que el mito del progreso está siendo reemplazado por la emoción y el empoderamiento hedonista. En otras palabras, vale lo humano en la medida que hay adrenalina aquí y ahora. Este triunfalismo egocéntrico suele estar acompañada por una justificación sagrada: con fe uno puede hacer todo lo que desea. También se suman argumentos cristianos: la plenitud personal proviene de la voluntad divina. Existe pues un escenario lleno de buenas intenciones, de fantasía, de frustración.
Hoy la exaltación de lo espiritual y lo valórico puede significar una resolución ilusoria de esos malestares. Por eso, hay que volver a poner los pies en la tierra. El encuentro teológico, llevado a cabo en la Amazonía, ha constatado las crucifixiones de hoy y la radical amenaza contra el pulmón del planeta, el medio ambiente, la población empobrecida. También ha vibrado con clamores a favor de una genuina felicidad. Las personas creyentes nos sentimos convocados a la plenitud en el Reino (en vez de una dicha privatizada). La gozosa resurrección del Señor transforma a cada individuo y cada pueblo y también al medio ambiente.
Por consiguiente, el acontecimiento pascual es holístico. Conlleva impugnar el “felicidismo” irresponsable en que cada uno pretende obtener lo que desea. En cuanto a la reflexión de fe, ella conjuga la felicidad objetiva y subjetiva, y lo hace gracias a la acción del espíritu de Cristo en la historia. Tanto el entorno natural y los seres vivientes, como los procesos sociales y afectivos son transfigurados por el Misterio de la Vida.
B) Reafirmación pneumatológica.
Al reconocer la fuerza del Espíritu en el medio ambiente y en el acontecer humano, la reflexión no añade un punto más a la agenda sino que más bien reinicia el itinerario teológico. Un pensar unilateral vuelve a ser orante y holístico.
Gracias a que a nuestros corazones ha sido enviado el Espíritu es posible confiar en la bondadosa intimidad de Abbá  (Gal 4:6, Rom 8:15). Éste espíritu también hace posible la fe y reflexión de la iglesia. En este sentido resalta lo ocurrido en la IX Asamblea General del CMI (Porto Alegre, 2006), cuya reflexión es no una especulación sino una plegaria encarnada: “Dios en tu gracia transforma el mundo… escucha el clamor de toda la creación, los gemidos de las aguas… el llanto de desposeídos y silenciados…”. De este modo la misión eclesial retoma su raigambre espiritual. Nuestras jornadas de reflexión (como los FMTL) ¿tienen una convocatoria orante? Esto es signo del Espíritu.
Además, en América Latina y otras partes del mundo, la fidelidad pneumatológica tiene un carácter martirial. Mujeres y hombres guiados por el amor divino actúan proféticamente y hasta ofrecen su sangre. En la Amazonía sobresalen personas laicas como Francisco A. Mendes (Chico Mendes) medio ambientalista del caucho y líder del movimiento obrero (+ 22/12/1988), y como la religiosa Dorothy Stang consecuente ecologista de Pará, asesinada a los 73 años (+ 12/2/2005). No estamos pues en un terreno romántico, apolítico; muy por el contrario, se entrelazan la militancia, la mirada crítica a la realidad, y la espiritualidad de la vida.
Josias da Costa Junior (y otros) han puesto el dedo en la llaga del eclesio-cristo-centrismo, y positivamente impulsan la hermenéutica pneuma-ecológica (12). Marcelo Barros es portador de una propuesta espiritual integradora: “aprofundar a relacao entre os corpos humanos e os corpos da Terra e da Agua, como tambem os corpos literarios que se encontram nos textos sagrados da Biblia e de otras tradicoes espirituais” (13). Éstos y otros aportes no constituyen una moda ambientalista ni una simplista “teología verde”. Más bien se trata de un nuevo eje hermenéutico y un paradigma emergente. Van pues por buen camino las reflexiones orantes y militantes en el Espíritu que conduce a la verdad.  
C) Ética corporal e integral
El ya reseñado rebrote espiritual conlleva la reconfiguración de la ética cristiana. Ésta se hace responsable, en contextos como el latinoamericano y el amazónico, de cuerpos crucificados y de clamores de resurrección. En otras palabras, la ética encara la corporeidad de la salvación. Esto atañe a, no unas almas etéreas, sino a pueblos concretos que anhelan y tienen derecho a ser felices interactuando con todo ser viviente.
La ética corporal e integral tiene un esperanzador sello escatológico, que marca proyectos y militancias como las expresadas mediante “otro mundo posible”. A pesar de contratiempos, dicha esperanza se hace carne en pueblos crucificados que ven posible la salvación. Según el mensaje paulino; “nos mueve el Espíritu a aguardar por la fe los bienes esperados por la justicia” (Gal 5:5). Por consiguiente, la mística y ética de una nueva corporeidad en Cristo no da la espalda al sueño humano de “otro mundo posible”. Muy por el contrario, con fe vemos que el ser parte del cuerpo resucitado del Señor transforma nuestra historia y revitaliza la creación.
Con respecto a cuidar la creación, es una macro y micro responsabilidad. En lo personal: cuidar el cuerpo de cada ser humano con sus ¾ partes de agua (y de eso un 60% es agua al interior de las células), y, el ser huésped y no monopolizar la casa común, de la Tierra fecunda. En cuanto a la responsabilidad social: solidaridad con el 20% pobre del mundo que sólo tiene el 1.6% de los recursos, y -por otro lado- confrontar al 20% más rico que se adueña de 82.4% de las riquezas terrenales. 
Como es bien sabido, una gama de preocupaciones que conjugan cuerpo y sexualidad, justicia y pluralismo contemporáneo, han estado interpelando el quehacer teológico. Los mayores insumos provienen de la hermenéutica bíblica, la simbólica indígena, la elaboración feminista, la afro-sabiduría. Brevemente las anoto.
Durante el Foro en Belem, aunque hubo pocos participantes de pueblos originarios, ellos han inmensamente reforzado la corporeidad “desde abajo y adentro”. Eleazar Lopez con su identidad zapoteca decía: “los humanos somos ´yú´ (polvo) que vive en ´layú´ (tierra) para transformarla en ´guidxilayú´ (planeta tierra), digna casa de la humanidad entera”; con lenguaje totonaco, Mario Perez anotaba nuestro ser “Tyatliway = tierra encarnada” (14). Esto es muy distinto al arrogante y privatizador cogito ergo sum que campea en ámbitos occidentales.
 Existen pues alternativas sapienciales sobre la corporeidad. La teología de Indonesia, a través de Nunuk Murniati, subrayó la profética vocación de la mujer que cuida agua y tierra: “having equal relationships, caring for water and earth as our sisters, these are our response to God´s love” (15). De modo contestatario Mary Hunt recalcó “resources from eco-feminist, queer, disabled theological perspectives” y exigió coherencia entre sexualidad y liberación social; el lema “nuestros cuerpos no mienten” hacen eco al mensaje paulino de una irrestricta corporeidad en Cristo. A su vez el sudafricano Steve de Grouchy hizo presente el problema de desechos corporales, y propuso el acontecimiento del Rio Jordán como equilibrio entre economía y ecología, entre liberación y creación (16).
 La afro-sabiduría constituye otro insumo que replantea pautas hegemónicas (17). R. Bailey ha leído críticamente Genesis 1-2 y Apocalipsis 21-22 a fin de no equivocarse en la teoecología.  M.  Rodrigues ha subrayado la “energía vital e respeto pela vida, expressos na identidade matriarcal e no respeto aos antepassados”. Estas y otras voces han enunciado espiritualidades y éticas encarnadas en la Tierra, e iluminadas por rigurosas hermenéuticas bíblicas. La corporeidad se desenvuelve entre seres diferentes e interconectados. Ella tiene como fundamento el pluriforme Cuerpo del Resucitado, cuyo Espíritu genera vínculos entre todo lo existente y revitaliza la creación.

Unas breves pinceladas, a modo de conclusión.
Aunque intentan acallarlas, muchas y sorprendentes voces teológicas resuenan en medio del agua y la tierra fértil de la Amazonia. Son voces polifónicas y son multicolores. No son introvertidas. Más bien, en el caminar de cada día (y en la elaboración de la fe) cada entidad y las complejas redes van orientadas hacia Dios y el prójimo. Jesucristo suscitó, no una veneración hacia su persona, sino el irrestricto servicio al prójimo y a la fascinante venida del Reino de Dios. En este sentido, la reflexión creyente no se deja encasillar por lo intra-religioso ni por salvaguardar instituciones. La teología fiel y audazmente apunta a la plenitud humana y la integridad de la creación.
No se trata pues de una elaboración cristiana de carácter narcisista. Ni pretende yuxtaponer ecología con fe. Tampoco está alineada con teorías (y modas) de auto ayuda sin sustento en la comunidad eclesial; ni está alineada con emociones espirituales puntuales, que carecen de la constante interacción con Dios.
A lo largo de estas páginas se ha acentuado la perspectiva teo-bio-céntrica. Éste paradigma conlleva pensar con espiritualidad y ética el acontecer humano y la creación cuyos clamores nos conmueven. A fin de cuentas, es algo integral e insondable: admirar y gozar el Misterio que repotencia todo.

Anexo:
Los abundantes logros del III Foro, y también sus carencias, invitan a replantear temáticas y procedimientos. Se hará posible una fase nueva, que conduzca hacia el IV FMTL.
Positivamente puede encararse el malestar explicitado durante y después del III FMTL (18). Las críticas principales han sido: no se articula lo ecológico con lo teológico, poca novedad y creatividad, vacío de reflexión teológica, ausencia de hermenéutica bíblica, fragmentación en contenidos y en métodos, mucha información y diagnóstico ecológico y socio-económico que no es procesada por los/las participantes, falta mediación pedagógica, política, y pastoral para la retroalimentación, un compartir de experiencias e intuiciones sin una sistematización, falta desarrollar la racionalidad teológica en relación con nuestras fuentes, es necesario explicitar la epistemología que conlleva el nuevo paradigma, no se incluyeron nuevas realidades en América Latina, hubo improvisación en la organización. Todo esto ¿es encarado positivamente?
  De modo autocrítico cabe reconocer que en América Latina ha sido insuficiente y desigual el asumir desafíos teológicos en los últimos 30 años. No ha sido fácil entender la acción de Dios de modo in-culturado y ahora también inter-culturado. También es escasa la elaboración de género (salvo excepciones: en teología feminista y en la incipiente teología masculina). Ahora vemos que la cuestión eco-teológica es abordada de manera excepcional. Algo similar puede decirse del desafío de estar en un continente mayormente de juventudes, y de la interpelación por movimientos de caracter pentecostal. Cada uno de estos factores (cultura, género, ecología, juventud, pentecostalidad) ha sido catalogado como paradigmático. Si es así, entonces el caminar hacia el IV FMTL podría incluír un buen debate sobre  los recursos cristianos (bíblicos y sistemáticos) que favorecen la interacción entre factores paradigmáticos (cultura, género, ecología, juventud, pentecostalidad).
 Ahora bien, las voces críticas han estado acompañadas de agradecimientos y alabanzas. Se ha dado gracias por: A) el pensar contextual en la Amazonía y la teología que alimenta la praxis comunitaria y lo hace con audaces paradigmas, B) la calidad de participantes de base, indígenas, y profesionales en la enseñanza teológica, y la mayoritaria presencia juvenil, y C) hondas y hermosas oraciones y celebraciones espontáneas. Visualizando el IV FMTL, tiene que ser amplia y hondamente debatida su metodología y sus contenidos. Ojalá que a los logros y vacíos vividos en Belem sean sumados lo avanzado en el I y II FMTL (sistematización teológica, y espiritualidad); y ojalá el IV sea -no simple reiteración de los anteriores- sino sea más bien una audaz reinvención.   


Notas:
1. B. de Sousa Santos “Reinventando la emancipación social”, Le Monde Diplomatiaque 96 (2009), 20; éste intelectual orgánico del FSM subraya la articulación entre interculturalidad y postcolonialidad, y también cuestiona el extremismo identitario.
2. Vease http://wftl.org donde se encuentran 5 textos programáticos del Secretario Ejecutivo del FMTL; 18 textos preparatorios de carácter eco-teológico (la mayor parte son de integrantes de EATWOT/ASETT); 11 textos preparatorios con varios acentos en teología, justicia y paz, educación; 5 conferencias; 5 memorias;  y, 25 presentaciones en talleres (4 son eco-teológicos, y 21 son de varias temáticas). En las evaluaciones críticas sobresalen las de representantes de AMERINDIA, EATWOT, CETELA, y de otros participantes. Algunos sienten que en Belem hubo poca reflexión y creatividad, y carencia de mediaciones en la pedagogía y en la praxis, el corpus de textos presentados y sobretodo la interacción entre centenares de participantes ha sido una gran elaboración teológica. Esta vez no se recorrió el itinerario sistemático del I FMTL (véase L.C. Susin, org., Teologia para ougtro mundo possivel, Sao Paulo: Paulinas, 2006) ni el itinerario experiencial del II FMTL (véase VV.AA., Spirituality for another posible world, Limuru: Kolbe Press, 2008). Más bien se llevó a cabo otra sinfonía, con muchas voces locales y con pocas aunque calificadas voces de otras latitudes; esto fue entretejido por bellas instancias de oración, de fiesta espontanea, de un institucionalizado café teológico y un arraial popular. Las evaluaciones realizadas durante y después del Foro, muestran su potencial a largo plazo. Son buenas señales, por una parte, la actitud autocrítica hacia el FMTL y hacia la producción latinoamericana (particularmente el malestar manifestado por profesionales en la teología), y por otra parte, las abundantes alabanzas por participantes amazónicos que ahondaron contactos con las teologías de sello liberador.
3. Vease Kim Yong-Bock, “Ecology in the integral study of life”, en VV.AA., Negotiating Borders, Theological Explorations in the Global Era, Delhi: ISPCK, 2008, 517-526; L, Nelson y P. Peebles, Classics of Eastern Thought, San Diego: HBJ, 1991.
4. Lao Tzu, Tao Te Ching (600-200 AC); el capitulo 8 en parte dice: “the goodness of water is that it benefits ten thousand creatures… and is content with places that all men disdain. It is this that makes water so near to the Way, TAO” (Éste clásica del Taoismo ha sido calificada como la biblia china).
5. Vease E. Ikenga-Metuh, Comparative studies of African Traditional Religions, Onitsha: IMICO, 1987, 68; Kwame Bediako, Christianity in Africa; the renewal of a non-western religión, Maryknoll: Orbis, 1995, 103.
6. Vease un arcoíris de reflexiones en Marcio F. Dos Anjos (org.), Teologia e novos paradigmas, Sao Paulo: SOTER/Loyola, 1996, y Teologia aberta ao futuro, Sao Paulo: Loyola, 1997; el modo como J.J. Tamayo conjuga varios horizontes (intercultural e interreligioso, hermenéutico, feminista, ecológico, ético-práxico, utópico, anamnético, simbólico, económico) en Nuevo paradigma teológico, Madrid: Trotta, 2003; y veanse otras compilaciones: Dieter Hessel, Rosemary Ruether (eds.), Christianity and Ecology, Cambridge: Harvard Un. Press, 2000, David Lodge (ed.), Religion and the new ecology, Notre Dame: ND Press, 2006, C. Van Engen, D. Whiteman, D. Woodberry, Paradigm shifts in Christian Witness, Maryknoll: Orbis, 2008.  
7. Gustavo Gutierrez, Teologia de la Liberación, Lima: CEP, 1984, 32.
8. Edward Schillebeeckx, El mundo y la Iglesia, Salamanca: Sígueme, 1970 (original de 1966), 202. Se trata de una teología de la fe contestataria y utópica: “la fe cristiana, confianza en Dios como promesa, no puede nunca contentarse con el orden establecido, con la situación existente; tiene que luchar constantemente para que haya más justicia, más paz, más amor incondicional” (pg. 202).
9. Leonardo Boff, Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres, Madrid: Trotta, 1996, 179-234, con tres capítulos dedicados a Dios en todo (y el pan-en-teísmo), y al Espíritu y Cristo cósmico; en esta misma línea: Juan José Tamayo, “Paradigma ecológico y teológico” (III FMTL, 2009), que subraya el paso de lo antropocéntrico a lo cosmocéntrico. 
10. Juan Navarrete, “Algunas reflexiones al finalizar el Foro Mundial de Teología y Liberación” (manuscrito, febrero 2009, pg. 3).
11. Fragmentos de la “Oración de Apertura” (III FMTL, Belem do Para, 21/1/2009).
12. Josias da Costa Jr., “Espíritu e Natureza”, palestra no III FMTL, Belem do Pará, 1/2009: “uma interpretacao teoógica que contemple um novo eixo hermenéutico, que deve emergir do dialogo com os movimentos do Espíritu (das práticas cristás) e da realidade ecológica actual, é o que se exige”.
13. Marcelo Barros, O Espíritu vem pelas Aguas, Sao Leopoldo: CEBI, 2002, 159-160.
14.  Eleazar Lopez, “Teologia de la Tierra”, y Mario Perez, “La tierra madre de la humanidad”, ponencias, Belem, enero 2009.
15.  Nunuk Murniati, “Prophetic vocation for women to guard water and earth”, Belem, january 2009; otra impactante propuesta: Mary Hunt, “Bodies don´t lie: feminist theological perspective on embodiment”, Belem, 2009; Hunt recomendó que haya un Plan de Acción con plazos.
16. Steve de Gruchy, “Lidando com nosso propio esgoto cloacal: espiritualidade e ética na agenda de sustentabilidade”, Belem, 2009.
17. Vease Randall Bailey “The bible poses problems for Theoecology”, y Marcos Rodrigues “Teologia afro-americana”, Belem, 2009.
18. Retomo lo dicho y escrito en la reunión ampliada del Comité Organizador (26/1/2009), por el secretariado de Porto Alegre, por miembros de Amerindia (Agenor Brighenti, Juan Navarrete, Rita Zevallos, Sergio Montes), por la veintena de miembros de Eatwot presentes, y por Markus Bueker, Juan José Tamayo, Marga Stroher y otros/as. 

 
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